Babilonia, vestía dorada aquel día.
Su puesta de sol era tan dorada como los muros de su palacio, una ciudad de esperanzas
para gente sin fé. Unos muros que guardan riquezas intangibles que son incomprensibles para muchas de las personas que habitamos este mundo.
El cielo se extiende más allá de sus montañas como una cortina de fuego, el sol se alza similar a un diamante rosado por los años y anaranjado por su calor. Haría a un ciego recuperar su vista y a un sordo recuperar sus oidos. Al menos eso dice la leyenda,cada arbol de su bosque infinito esta perfumado por un aroma de dulzura que no llega a resultar empalagoso. Un río sin caudal sin anchura y sin forma atraviesa la ciudad, en su fondo diminutas piedrecitas doradas hacen eco del brillo del sol.
Babilonia se llama la tierra donde se criaron guerreros de todo el mundo, luchadores de cualquier rincón, filósofos insaciables en busca de culturas nuevas.
No hay corazón donde quepan sus muros, no hay mirada que no sienta su belleza. Incluso el más timido soplo de aire se acerca sombrado a su puerta, a la que nadie llama ya, a la que nadie cruza ya.
Pues gracias al diablo, sus muros dorados, sus arboles frutales, sus piramides sin fin y su brillo poderoso se sumergieron en un reino de sombras que rozan el cielo. Y que desde el mismo olimpo de Marte puedes contemplar.
El pasado fue mejor, al menos eso será lo que digamos en el futuro. Por eso, no pienses que seguirás igual de frágil e igual de bella siempre. Pero si te sumes en la oscuridad, iré contigo.
miércoles, 28 de julio de 2010
martes, 27 de julio de 2010
¿Quien Soy?
El otro día mientras escuchaba música me preguntaba si realmente es necesario decirle a alguien cuando te sientes herido. No llegué a ninguna conclusión, porque a veces es realmente necesario hacerlo y otras tantas suelo sucumbir al silencio que, francamente, no me ayuda para nada.
Hasta ahora he escrito 11 entradas literarias, todas salidas de mi mente. Esta es la primera entrada que no sale de mi cabeza sale de mi corazón. Realmente, aunque pueda parecer algo modesto tengo amor propio. Quizás a veces exagere o quizás sea cierto que verdaderamente no tenga a nadie aquí; Eso no importa mucho. Porque sea como sea me siento así. Y no se lo desearía a nadie.
¿Pero existe realmente alguna salida? es horrible perder a gente, aunque aun te queden 2 o quizás 3. Te sientes realmente solo. A veces simplemente me gustaría no consumirme en este pueblo al que yo literalmente considero mi prisión: No puedo salir, no tengo libertad y no me siento bien. Es mi vida y la acepto y quizás me pudra aquí.
Por suerte o por desgracia aún quedan años para eso. De lo que me siento realmente orgulloso estos últimos años ha sido de mis amigos, que basicamente en este aspecto me podría comparar con un sacerdote. Soy consciente de que suena estúpido, pero ya se habrán preguntado por que ¿no?
El sacerdote se considera una oveja perdida en el mundo que ama a su Dios sobre todas las cosas y pondría su alma y su vida en sus manos y tiene fé de que aunque no le ve, el realmente existe y para él es como su mensaje de salvación.
Pues bien, esto es lo que siento por mis amigos; una fe tan enorme que no cabría en este mundo y una afectuosidad muy profunda. Día tras día los echo de menos y tengo fe en que me quieren y en que los veré, pues realmente creo que uno de esos señores de bata blanca a los que respeto mucho por cierto no sienten ni la mitad de amor por su Dios del que yo siento por mis amigos.
A veces, y cuando digo a veces son muchas veces. La tristeza acuna a mi corazón en un manto de sombras que ni siquiera el lector puede imaginar; pues después de todo es muy dificil amar a tanta gente y no tenerles cerca para abrazarles. Pero desde siempre me ha quedado el consuelo de hablarles, ya que, cada conversación con ellos es tan cálida como un abrazo. Puede que haya perdido el calor humano y puede que lo haya perdido casi todo, pero realmente me siento orgulloso de tenerles conmigo.
Pues después de todo, ellos han echo menos oscuros los dias nublados y más brillantes los días de sol. Puede que mi historia esté llena de distancia y puede que hasta un poco de odio hacia donde procedo. Pero eso no es motivo para estar triste. Pues, tras años, algunos más duros que otros he llegado a la conclusión de que si algo me queda en la vida son tres cosas.
Fe, Esperanza y mis amigos que aunque esten en la otra punta tengo claro que los amo más que a mi vida.
Hasta ahora he escrito 11 entradas literarias, todas salidas de mi mente. Esta es la primera entrada que no sale de mi cabeza sale de mi corazón. Realmente, aunque pueda parecer algo modesto tengo amor propio. Quizás a veces exagere o quizás sea cierto que verdaderamente no tenga a nadie aquí; Eso no importa mucho. Porque sea como sea me siento así. Y no se lo desearía a nadie.
¿Pero existe realmente alguna salida? es horrible perder a gente, aunque aun te queden 2 o quizás 3. Te sientes realmente solo. A veces simplemente me gustaría no consumirme en este pueblo al que yo literalmente considero mi prisión: No puedo salir, no tengo libertad y no me siento bien. Es mi vida y la acepto y quizás me pudra aquí.
Por suerte o por desgracia aún quedan años para eso. De lo que me siento realmente orgulloso estos últimos años ha sido de mis amigos, que basicamente en este aspecto me podría comparar con un sacerdote. Soy consciente de que suena estúpido, pero ya se habrán preguntado por que ¿no?
El sacerdote se considera una oveja perdida en el mundo que ama a su Dios sobre todas las cosas y pondría su alma y su vida en sus manos y tiene fé de que aunque no le ve, el realmente existe y para él es como su mensaje de salvación.
Pues bien, esto es lo que siento por mis amigos; una fe tan enorme que no cabría en este mundo y una afectuosidad muy profunda. Día tras día los echo de menos y tengo fe en que me quieren y en que los veré, pues realmente creo que uno de esos señores de bata blanca a los que respeto mucho por cierto no sienten ni la mitad de amor por su Dios del que yo siento por mis amigos.
A veces, y cuando digo a veces son muchas veces. La tristeza acuna a mi corazón en un manto de sombras que ni siquiera el lector puede imaginar; pues después de todo es muy dificil amar a tanta gente y no tenerles cerca para abrazarles. Pero desde siempre me ha quedado el consuelo de hablarles, ya que, cada conversación con ellos es tan cálida como un abrazo. Puede que haya perdido el calor humano y puede que lo haya perdido casi todo, pero realmente me siento orgulloso de tenerles conmigo.
Pues después de todo, ellos han echo menos oscuros los dias nublados y más brillantes los días de sol. Puede que mi historia esté llena de distancia y puede que hasta un poco de odio hacia donde procedo. Pero eso no es motivo para estar triste. Pues, tras años, algunos más duros que otros he llegado a la conclusión de que si algo me queda en la vida son tres cosas.
Fe, Esperanza y mis amigos que aunque esten en la otra punta tengo claro que los amo más que a mi vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)