miércoles, 28 de julio de 2010

Babilonia

Babilonia, vestía dorada aquel día.
Su puesta de sol era tan dorada como los muros de su palacio, una ciudad de esperanzas
para gente sin fé. Unos muros que guardan riquezas intangibles que son incomprensibles para muchas de las personas que habitamos este mundo.

El cielo se extiende más allá de sus montañas como una cortina de fuego, el sol se alza similar a un diamante rosado por los años y anaranjado por su calor. Haría a un ciego recuperar su vista y a un sordo recuperar sus oidos. Al menos eso dice la leyenda,cada arbol de su bosque infinito esta perfumado por un aroma de dulzura que no llega a resultar empalagoso. Un río sin caudal sin anchura y sin forma atraviesa la ciudad, en su fondo diminutas piedrecitas doradas hacen eco del brillo del sol.

Babilonia se llama la tierra donde se criaron guerreros de todo el mundo, luchadores de cualquier rincón, filósofos insaciables en busca de culturas nuevas.

No hay corazón donde quepan sus muros, no hay mirada que no sienta su belleza. Incluso el más timido soplo de aire se acerca sombrado a su puerta, a la que nadie llama ya, a la que nadie cruza ya.

Pues gracias al diablo, sus muros dorados, sus arboles frutales, sus piramides sin fin y su brillo poderoso se sumergieron en un reino de sombras que rozan el cielo. Y que desde el mismo olimpo de Marte puedes contemplar.

El pasado fue mejor, al menos eso será lo que digamos en el futuro. Por eso, no pienses que seguirás igual de frágil e igual de bella siempre. Pero si te sumes en la oscuridad, iré contigo.

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