Camino entre las llamas del atardecer, buscando sus ojos. Que un día estuvieron cegados por el dolor, los ángeles tenían envidia de su belleza y de aquel rostro que rozaba la perfección.
Podía ver como el viento acariciaba sus cabellos envolviéndola en una hermosura imposible.
Sus ojos parecían sacados de las estrellas más brillantes del cielo, sus labios eran divinos
y estaban llenos de ternura.
Me conquistaba su tez blanca, que iluminaba más allá de la bruma. No dejaré que la oscuridad la arrastre a su abismo no la dejare sola nunca más.
La parte más difícil de decirle adiós, rota con el beso más dulce. Su corazón es indomable y a la vez indescriptible y quizás su nombre sea de los más perfectos que existen sobre la tierra:
Sara.
dedicado a quien le corresponda (:
lunes, 7 de septiembre de 2009
Desde El Abismo Con Amor...
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